Más de 370 mil alumnos no acceden a Aprendo en casa, la mayoría por falta de conectividad o porque trabajan.

Urgente. Más de 370 mil alumnos no acceden a Aprendo en casa, la mayoría por falta de conectividad o porque trabajan. En Piura, 100 mil niños habrían dejado las clases remotas; en Junín serían 30 mil y en Puno más de 20 mil. Minedu reconoce posible aumento del abandono escolar por impacto del COVID-19.

A las radios del caserío piurano Pillo solo llegan la música y las noticias de Ecuador. Las pocas veces que alcanza la señal peruana son por las madrugadas o, si hay suerte, unos 30 minutos por la tarde. La semana pasada, la profesora Dalila Castillo, de 52 años, se despertó a las tres de la mañana y logró escuchar las noticias de un medio nacional. Ella le pidió al dueño de una emisora local que le ayude a transmitir clases para que, con un altoparlante, las escuche el pueblo. “Yo lo pago”, le dijo. Pero no hubo respuesta. Hace poco, entonces, le sugirió a la madre de un alumno que deje encendida su radio todo el día para ver si lograban sintonizar el programa de educación a distancia Aprendo en casa. Desde hace cinco meses se repite el resultado: nadie lo puede escuchar.

Pastor García, de 35 años, ni siquiera lo intenta. No tiene radio, televisor, ni celular. En medio de la pandemia, sus hijos de 7 y 8 años aún tienen salud, pero ya no educación. Este año tenían que cursar el segundo y tercer grado de primaria en el colegio público Virgen del Rosario, de Sapillica, provincia de Ayabaca. “Nunca han fallado en sus estudios”. Pero sus aulas, ahora, se han convertido en campos de trigo, habas y maíz. No tiene clases a distancia desde marzo pasado. Nunca las empezaron. No tienen cómo.

“Es el caos”, dice Pastor. Cuando más de 8 millones de escolares deberían recibir clases remotas, en lugar de presenciales, los hijos de este agricultor solo tienen libros para lograrlo. “Nosotros les podemos ayudar hasta donde sepamos”, comenta. A su lado, la maestra Dalila interviene: “A otros sitios les llevan radios. Si es así, aunque sea iríamos arriba, al cerrito”.

Desde que empezaron las clases, en el colegio Virgen del Rosario, a cinco horas de la ciudad, no han logrado contactarse con la cuarta parte de sus alumnos. En Piura, más de 100 mil escolares, el 80 % de la zona rural, han abandonado las clases en este semestre, alerta el decano del Colegio de Profesores de la región, William Bayona.

Hasta julio, se hablaba de alrededor de un 95.3 % de alumnos de todo el país a quienes sí llegaba el programa Aprendo en casa, a través de radio, televisión o de forma digital, según las encuestas del mismo Ministerio de Educación (Minedu). De ser así, el 4.7 % impedido de hacerlo no es una población menor: representa más de 370 mil escolares de educación básica regular. Niños que por falta de acceso a medios virtuales o porque tienen que trabajar, en la ciudad o en el campo, para ayudar a sus familias en medio de la crisis económica, hoy están ausentes.

El sector lo reconoce: es previsible que el número de niños que dejen los estudios aumente dado el contexto, han señalado.

Eso Dalila ya lo sabía. Durante la pandemia, de 9:30 a 11 de la mañana, sintoniza el único canal que funciona en su televisor para ver Aprendo en casa. Luego, arma una sesión y camina de 1 a 5 de la tarde hasta las viviendas de sus alumnos que, como la mayoría de Pillo, no tienen ni una radio. Los sábados y domingos visita a otros 10 peruanos excluidos del sistema. Ahí están los hijos de Pastor. “Los niños y los papás están desesperados. Temen perder el año”.

Preocupación global

La alarma está encendida, pero pocos la escuchan: si en los últimos años el abandono escolar, conocido también como deserción, en el Perú presentaba una tendencia a la baja (9 % el 2019), para este año se pronostica un cambio preocupante debido a la emergencia por el COVID-19. “Uno de los principales actores asociados a la deserción es la pobreza, porque genera una cadena de necesidad de ingresos, que es lo que lleva a trabajar y, por lo tanto, al impedimento de ir a la escuela o se hace en condiciones muy precarias. Si la pobreza va a aumentar este año, como se espera alrededor de 10 puntos porcentuales, la deserción también lo haría, aunque es difícil saber cuánto”, explica el investigador principal de Grade y director de Niños del Milenio en el Perú, Santiago Cueto. El mayor riesgo está en las zonas más pobres, población indígena y aquella con discapacidad.

Precisamente, una reciente publicación de la Organización Internacional de Trabajo (OIT) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) advierte que el cierre temporal de las escuelas tiene el potencial de aumentar el trabajo infantil. “Esta interrupción no solo tendrá efectos significativos en el aprendizaje de los más vulnerables, sino también en la seguridad alimentaria (acceso a desayunos o refrigerio)”.

Dicho documento, incluso, se detiene en el caso peruano: “Estimaciones sobre los efectos regresivos asociados a la pandemia indican que la tasa de trabajo infantil podría tener un incremento que oscilaría entre 1 y 3 puntos porcentuales”, se lee.

El 7 de setiembre, por la noche, un alumno de cuarto de secundaria le envió un mensaje a su profesor del colegio José Carlos Mariátegui, de Huancayo, en Junín: “Buenas noches, disculpe la molestia. Ya no tengo asistencia por tres semanas porque estoy trabajando y solo por las noches hago los deberes”.

En esta región, más de 30 mil estudiantes (12.4 %) aún no acceden a la estrategia Aprendo en casa, reporta la Dirección Regional de Educación. La mayoría es de comunidades amazónicas como la ashaninka. El jefe de la DRE de Junín, Bladimir López, dice que hace tres meses, cuando ingresó al cargo, la tasa era 20 %. “Enviamos audios, videos en lenguas originarias en USB o altoparlantes. Esperamos bajar al 6 %”.

El dirigente del Sutep Junín, Héctor Sinche, quien aún no logra contactarse con 60 de sus 250 alumnos, confirma que el foco está en las zonas altoandinas o de selva. “No tienen conectividad o saldo, salen a trabajar para ayudar a sus familias, hacen delivery, o venden en la calle. Otros van al campo por el inicio del proceso de siembra”.

También están los que vuelven a su tierra natal. “Mi familia se contagió de COVID-19, gastamos todos nuestros ahorros. Le pido permiso por 2 meses porque estamos yendo al pueblo de mi papá”, escribió otra alumna a un colega del profesor Sinche.

 

Diferentes reportes

El Minedu no ha hecho pública la tasa de deserción en el país hasta el momento. Sin embargo, La República tuvo acceso a su registro de escolares retirados entre marzo y julio pasado, en el cual figuran 3.881 menores. De estos, la mayoría está en Lima (1.744), lo sigue Junín (364), Callao (216), así como Piura (195).

Estas cifras llaman la atención. Y es que en ese mismo periodo, en el 2019, los directores de escuelas ya habían registrado más de 30 mil retiros. Una diferencia de 27 mil casos con este año, cuya tendencia va en alza.

Para poner un ejemplo, hasta el mes pasado, el registro del Minedu hablaba de 33 retiros en Puno, pero hoy la DRE reporta 20 mil niños que han abandonado la enseñanza virtual. “El 70% por factor económico”, dice el jefe de la DRE de Puno, Mario Benavente.

Desde su experiencia docente, William Bayona, de Piura, y Héctor Sinche, de Junín, explican que la diferencia en las cifras puede deberse a que si bien muchos han abandonado las clases, este año hay mayor flexibilidad y los retiros ya no se dan con el 30% de inasistencias, por lo que algunos no llegarían a ser reportados. Ellos esperan a sus alumnos por si se reincorporan. Los buscan aunque solo falte tres meses para fin del año escolar.

Fuente: larepublica.pe

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